Eduardo Martínez | 1-06-2018

El doctor Gómez, durante una reciente entrevista en el programa ‘Encuentros’ de La Ocho Mediterráneo.

La proposición de ley para despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido presentada por el PSOE en el Congreso de los Diputados el pasado 3 de mayo, e impulsada por el Parlament de Cataluña, supone “un paso de gigante en la pendiente resbaladiza que rige la aprobación de estas leyes, saltando directamente de las leyes de varias comunidades autónomas que regulan las actuaciones sanitarias al final de la vida, a una clara eliminación de la vida humana considerada ‘inútil’”. Así lo ha manifestado a PARAULA el doctor en Medicina y profesor de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV) Ignacio Gómez.
En este sentido, la proposición de ley “constituye una clara política del descarte de los enfermos dependientes y de los que padecen un sufrimiento físico o psíquico ‘insoportable’, términos flexibles y fácilmente adaptables a múltiples circunstancias en función de quién los aplique”, ha señalado. La cuestión de fondo es “considerar que las personas en estas circunstancias tienen una ‘vida sin valor de vida’”.
Frente al acto u omisión conducente a eliminar la vida de una persona en la fase final de su vida que implica la eutanasia, este experto en bioética ha recordado -en la línea que plantean otros muchos especialistas- que una alternativa éticamente válida son los llamados ‘cuidados paliativos’. Estos “proporcionan realmente ‘una muerte digna’ como persona que es todo paciente, por muy deteriorada que esté su salud”, de ahí que sean -a su juicio- “la respuesta ética y deontológica en las graves situaciones que se producen a veces en la fase terminal de la vida, y no la eliminación del sufridor cuando no podemos eliminar el sufrimiento”.
La sedación terminal paliativa, aceptada por la Iglesia católica desde Pío XII en 1957, da solución al dolor y sufrimiento refractario a otros tratamientos. Las asociaciones médicas nacionales y mundiales -ha recalcado- “apoyan estas medidas y rechazan la práctica de la eutanasia por los médicos, formados para ‘curar a veces, mejorar otras, y consolar siempre’, como dice el antiguo aforismo”.

Normativa valenciana

En la Comunitat Valenciana, el Consell ha preparado, a su vez, una normativa también en el ámbito de la enfermedad terminal. Se trata del proyecto de ley de ‘derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de atención al final de la vida’, que se encuentra de fase de tramitación en las Corts Valencianes y que fue presentado meses antes que la proposición de ley de ámbito nacional del PSOE.
Sobre la normativa valenciana habló también Ignacio Gómez en una reciente entrevista en el programa ‘Encuentros’ de La Ocho Mediterráneo. En ella identificó aspectos “positivos y otros que nos plantean dudas”. Entre estos últimos, se refirió a distintos puntos que “abren la puerta a la posibilidad de incurrir en desviaciones en otras disposiciones o reglamentos posteriores” basados en esa misma legislación. Así, por ejemplo, consideró que el proyecto de ley -que no hace una mención explícita del concepto de ‘eutanasia’ ni de ‘suicidio asistido’- otorga al paciente una autonomía excesiva a la hora de determinar el tratamiento. Según argumentó, la ‘lex artis’ (la forma habitual y correcta de ejercer la medicina) “hace que no se opere a un paciente si no lo necesita, aunque lo pida”. Por eso, el doctor Gómez manifestó que no es coherente aplicar la ‘lex artis’ para algunos casos y para otros no, dándole al paciente plena autonomía sobre su atención médica.
No obstante, matizó que “el principio de autonomía del paciente es muy importante y totalmente lícito porque, como persona que es, tiene derecho a decidir sobre su salud”. Pero insistió en que tal principio no debería ser llevado hasta el extremo de permitir al enfermo que se acabe con su vida.
El doctor Gómez – que es también presidente de la Sectorial de la Salud de la Federación Internacional de Universidades Católicas y miembro del Observatorio de Bioética de la UCV- introdujo, además, un matiz religioso al recordar que para la doctrina católica el ser humano “no es propietario de su vida sino administrador de ella”. “La vida -agregó- nos la ha dado Dios a través de nuestros padres, no nos la hemos dado nosotros mismos, y no es nuestra, por tanto no tenemos derecho a disponer de ella ni un solo minuto, y mucho menos los médicos”.
La ‘calidad de vida’
Otra cuestión en la que reparó, en el contexto de las normas que rigen la atención al final de la vida, guarda relación con el sufrimiento y la llamada ‘calidad de vida’. Según planteó, la calidad “define el valor de las cosas, como un televisor que tiene buena imagen, y decimos entonces que es de calidad”; pero “el valor de las personas se define por su dignidad, que es intrínseca por el hecho mismo de ser personas, independientemente de la calidad de su salud o de cualquier otra circunstancia”. En ocasiones, sin embargo, “cuando aparece el sufrimiento, que cuestiona todas las demás cosas, sobre todo cuando es terminal, la solución que se pretende dar es: como no podemos eliminar el sufrimiento, eliminemos al sufridor”, un extremo “contrario a la dignidad humana”.
En cuanto a los aspectos positivos que ve en el proyecto de ley valenciano, destacó la importancia que da el texto a la dignidad del paciente, al querer por ejemplo “garantizar su derecho a una habitación individual”. Tal pretensión contrasta con la situación en “algunos hospitales públicos valencianos”, donde todavía hay habitaciones con tres y cuatro pacientes, un entorno que “no es el mejor para fallecer”, señaló el doctor Gómez, que matizó que, si bien el enfermo “es llevado normalmente a un lugar más reservado” en los momentos de la agonía final, no sucede siempre lo mismo en toda la fase terminal de la enfermedad, que puede llegar a prolongarse durante varias semanas.
Asimismo, aplaudió que el proyecto de ley valenciano promueva los cuidados paliativos. La norma autonómica, de ser aprobada, prescribiría que estos cuidados sean instaurados en todos los hospitales y que se proporcionen también a los pacientes que los necesiten y que se encuentren en sus casas.
Otro aspecto elogiable para él es el hecho de que la normativa valenciana contemple la dimensión religiosa del paciente, algo que “otras leyes similares no contemplan”. Así, el proyecto de ley establece que se debe respetar la libertad del individuo en fase terminal en un hospital para solicitar asistencia religiosa, sea de la confesión que sea.
En suma, la normativa ha recogido valores -según puntualizó- que la Sociedad Española de Cuidados Paliativos o la Organización Médica Colegial de España “estaban defendiendo desde hace mucho tiempo”. Otro de ellos es que el enfermo, aunque esté en su fase terminal, “tiene exactamente la misma dignidad que cuando trabajaba y hacía más próspera la sociedad con su labor”.

Eutanasia: un “atentado” a la dignidad humana
La Subcomisión Episcopal de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española (CEE) envió una nota ante las iniciativas legislativas para legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, donde advirtió que tales prácticas son un “atentado a la dignidad de la persona”.
En la nota, los obispos recuerdan que “el mandamiento ‘no matarás’ se encuentra en el fundamento de toda ética verdaderamente humana y, de modo particular, en la tradición cristiana”. Implícitamente, sin embargo, conduce a una “actitud positiva de respeto absoluto por la vida, ayudando a promoverla”.
En relación con las iniciativas legislativas de la eutanasia y el suicidio asistido, los obispos indicaron que “son presentados por algunos como respuestas viables y aceptables al problema del dolor y del sufrimiento”.
Sin embargo, recuerdan que Benedicto XVI en la encíclica ‘Spe salvi’, señaló que “es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una fuente continua de sufrimiento”. Por eso, la Subcomisión Episcopal señala que “debemos recordar que la eutanasia en sentido verdadero se debe entender como una acción u omisión que, por su naturaleza y en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor”.
También explican que “la Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona”.
En la nota recuerdan que san Juan Pablo II afirmaba que “la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana”.
Según la proposición de ley presentada en el Congreso de los Diputados de España por el PSOE, se defiende “una absolutización del principio de autonomía y de la pura subjetividad como criterios fundamentales de la decisión”.
“A este respecto, es necesario señalar que nadie es dueño absoluto de la vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida. Las decisiones terapéuticas tienen su raíz en los conocimientos de la Medicina basada en la evidencia”, subrayan.
Por eso “la eutanasia es ajena al ejercicio de la Medicina y a las profesiones sanitarias, que siempre se rigen por el axioma de ‘curar, al menos aliviar y siempre acompañar y consolar’”.
Además, señalan, el Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial española afirma que “el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”.
La nota también recuerda el mensaje del papa Francisco al Encuentro Regional Europeo del World Medical Association, en indicó que si bien “no siempre se puede garantizar la curación de la enfermedad, a la persona que vive debemos y podemos cuidarla siempre: sin acortar su vida nosotros mismos, pero también sin ensañarnos inútilmente contra su muerte.
“En esta línea –escribió el Papa– se mueve la medicina paliativa que reviste también una gran importancia en ámbito cultural, esforzándose por combatir todo lo que hace la muerte más angustiosa y llena de sufrimiento, es decir, el dolor y la soledad”.