L.B. | 21-09-2018

Las residentes esperaban a la Virgen peregrina en los jardines del Cottolengo. (FOTO: A.SÁIZ)

La imagen peregrina de la Virgen de los Desamparados visitó a sus hijas predilectas, a las más queridas: las chicas y mujeres residentes en el Cottolengo del Padre Alegre en Valencia, que este año celebra su 75 aniversario. Con ellas se encontraba la comunidad de religiosas Servidoras de Jesús y las voluntarias del centro, que día a día, con su atención y dedicación, les hacen presente ese gran amor que la Virgen, como madre, les tiene.
Bajo el sol de la tarde, las mujeres esperaban en el jardín de entrada al Cottolengo la llegada de la imagen peregrina de la Virgen con la emoción reflejada en sus rostros. Una espera que las voluntarias acompañaban con el ensayo de los cantos que más tarde las residentes iban a dedicar a la Virgen.
“¡Mírala, mírala!”
La llegada del ‘maremóvil’ provocó que la alegría se desbordara. Conforme se abrían las cortinas que tapaban la imagen, la emoción se hacía incontenible. “¡Ya se ve!”. “¡Mírala, mírala!”. “¡Qué guapa!”. Eran algunas de las expresiones que espontáneamente lanzaban las mujeres. Cuando por fin los seguidores de la Virgen colocaron la imagen en el anda, todos los presentes, entre los que se encontraban familiares de las residentes, amigos del Cottolengo, miembros de la falla Padre Alegre, vicentinos y vecinos de la zona, prorrumpieron en un gran aplauso.
La Virgen fue llevada a hombros al patio del Cottolengo ante la cueva de la Virgen de Lourdes, donde tuvo lugar una liturgia de la Palabra. Algunas de las residentes siguieron los actos desde los balcones del edificio ante la imposibilidad de bajar al patio.
Ramón Canseco, capellán castrense, dirigió la celebración en la que destacó la preferencia que Dios tiene “por los pequeños, por los que no cuentan”. “A ellos les revela sus designios”, añadió. Asimismo subrayó que “la Virgen nos da el don de saber amar y entregarnos. Le entregamos a las más pobres de entre los pobres”.
Cantos y poesías
Voluntarios, profesores e, incluso, alguna de las mujeres participaron en el posterior homenaje a la Virgen. Entre ellos, Eleuterio Torres, Paqui Ruano, Ana Morales o Carmen Hernández, que recitaron poesías e interpretaron piezas de música. El acto concluyó con un canto a la Virgen de las acogidas y profesoras, acompañadas por la guitarra.
Por encontrarnos en el Año Santo Vicentino, fueron muchos los vicentinos que acompañaron a la Virgen en su visita al Cottolengo. Entre ellos se encontraba la honorable clavariesa, Mª Jesús Moll, quien pronunció unas palabras destacando su vinculación desde la infancia al Cottolengo. Con un gran emoción, recordó cómo su abuela acudía allí los sábado para planchar ropa. Y cómo le destacaba que las mujeres acogidas y las Siervas de Jesús vivían de la providencia, sin pedir nunca nada. “Sois el centro de la atención de la Virgen”, dijo a las residentes. “Siempre os lleva bajo su manto y hoy cada una de vosotras está bajo su mirada. Gracias por ser como sois”, concluyó.
Posteriormente, la imagen fue llevada a la capilla del centro, donde permaneció hasta el día siguiente para que pudiera ser visitada por los vecinos de la zona.
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