Las Esclavas de María Inmaculada reavivan la esperanza para inmigrantes y paradas en Valencia acogiéndolas y formándolas

L.B. | 10.01.2020

La madre general, Mª Dolores Sempere, en la residencia de mujeres de la calle Balmes, de Valencia. (FOTO: A.SÁIZ)

El próximo jueves 16, las Esclavas de María Inmaculada celebrarán la festividad de su fundadora, Juana María Condesa. Conocidas como ‘protectoras de las obreras’ porque en sus inicios proporcionaban un techo seguro a las trabajadoras de la seda, a lo largo de los años, la congregación se ha ido adaptando a los cambios de la sociedad y a las necesidades de las mujeres.

En pleno centro de Valencia, en el mismo edificio en el que la beata Juana Mª Condesa abrió el primer asilo para las trabajadoras, ahora las religiosas ofrecen acogida y formación a mujeres inmigrantes, estudiantes, paradas y también a trabajadoras internas, que acuden los fines de semana a la residencia como si fuera su propia casa.

Residencia y hogar
En la actualidad la residencia de la calle Balmes de Valencia tiene capacidad para 52 mujeres, en habitaciones dobles e individuales, y dispone de dependencias comunes como comedor, capilla, sala de TV, de estudios, de reunión, terrazas, lavadero y salón de actos o multiusos. De ella se encargan siete hermanas que forman la comunidad.

La residencia inicial se ha ido ampliando con la adquisición de edificios colindantes. Y más recientemente, en el curso 2017-2018 se abrió el ‘Hogar Teresa Ballester’, una vivienda semitutelada de siete plazas donde ahora se acoge a madres con niños. “Allí pueden vivir en un ambiente más familiar y casero a la vez que reciben una atención especial que les permite ir adaptándose a un ritmo de vida normal para que luego puedan llevar ellas sola su casa y su familia adelante”, explica la madre Mª Dolores Sempere, superiora general de la congregación.

“No todas las residentes son católicas. Las hay musulmanas, ortodoxas o evangélicas, pero no hay problemas de convivencia porque se respetan las creencias de cada una”, comenta la religiosa.

Las Esclavas de María Inmaculada han habilitado, además, aulas donde ofrecen clases de español, de costumbres y tradiciones, de valores, de habilidades sociales, de cocina, de cuidado de mayores, de búsqueda de empleo… “Acuden hombres y mujeres inmigrantes a los que se les enseña lo necesario para insertarse en el mundo laboral”, añade la madre Sempere. Por estas aulas pasan unos 200 estudiantes al año. Y no sólo se les forma sino que, además, se les busca trabajo y se les hace un seguimiento posterior.

Los cursos los imparten voluntarios, junto con la trabajadora social de la casa. “Son profesores jubilados o que están activos pero viene a dar alguna hora a la semana, y a los que estamos muy agradecidas”, manifiesta la religiosa.

Festividad litúrgica
Desde Valencia, donde Juana María Condesa fundó la congregación de las Esclavas de María Inmaculada a finales del siglo XIX, las religiosas han extendido su actividad a otras ciudades de España y a países como Italia, Chile, Panamá, Perú o Guatemala, donde tiene residencias, colegios y centros de formación.

También en Valencia la congregación rige el colegio Esclavas de María Inmaculada, en la calle Ayora, con cerca de 1.200 alumnos que cursan desde Infantil a Bachiller.

Precisamente, los alumnos del colegio junto con sus profesores acudirán a la residencia Juana María Condesa, el día 16, para participar en la eucaristía conmemorativa de la la festividad litúrgica de la beata valenciana.

También allí, a las 19 horas, se celebrará la misa solemne en la que participarán las religiosas, mujeres acogidas, antiguas residentes, vecinos y amigos de la congregación.

Juana María Condesa Lluch: “Yo y todo lo mío para las obreras”

Juana Mª Condesa veía a las mujeres que acudían a trabajar a Valencia.

Juana María Condesa Lluch nació en Valencia el 30 de marzo de 1862. Desde bien joven tuvo clara su vocación de ayuda a las mujeres trabajadoras. Una vocación que puede resumirse en su frase “Yo y todo lo mío para las obreras”.

Y es que cuando Juana y su familia acudían en tartana desde su casa en el barrio de la Xerea de Valencia, a la barraca que tenían en Nazaret, pasaban por el Camino de las Moreras, donde veía a las mujeres que venían desde los pueblos cercanos a la capital, andando y a veces, incluso, descalzas, para trabajar en las fábricas de la seda, tabaco o abanicos.

Juana, sensible y caritativa, decidió recorrer con ellas el camino para conocer sus necesidades, condiciones de trabajo y de vida. Descubrió de este modo que su necesidad más urgente era la de un techo donde cobijarse, para evitar las largas y peligrosas caminatas hasta sus casas, alguien que les ayudase a vivir dignamente, que se interesase por ellas, por sus problemas y necesidad de formación.

Residencia y escuela
Tenía 18 años cuando empezó a sentirse interpelada. Consultó con su director espiritual, Vicente Castañer, que le apoyó. No obstante, al exponer su proyecto al cardenal Monescillo, arzobispo de Valencia, la vio tan joven que le recomendó esperar. Pero ella siguió preparando su proyecto y empezó a averiguar dónde estaban las fábricas y a hablar con los empresarios para ver cuáles eran las necesidades reales de las obreras. Buscó una casa cerca de las fábricas y la acondicionó para acoger en ella a estas mujeres.

En un primer momento el Cardenal le autorizó a abrir el asilo en el que dar techo y comida a las obreras. Juana, viendo que muchas de ellas tenían hijos pequeños, abrió primero una escuela gratuita para ellos el 19 de marzo de 1884 en el mismo edificio. Mientras, continuaban las obras y el 3 de mayo empezaron a dormir en la casa las primeras obreras.
Enseguida se unieron a Juana su profesora, Teresa Ballester, así como Rita Sancho y María Gil, dos compañeras de la Archicofradía de las Hijas de María, a la que pertenecía Juana.

En 1891, el cardenal les autorizó a vivir en comunidad y, por último, a fundar la congregación. En 1895 emitieron sus primeros votos temporales y fue en 1911 cuando, en la capilla de la casa noviciado, la madre Juana María y dieciocho hermanas más emitieron la profesión perpetua.

Poco a poco, su obra se fue extendiendo. En 1897, en Manises, se abre una casa para la formación de las obreras; en 1900 se funda el noviciado en Burjassot; en 1906, otra casa para la formación en Ayora y, finalmente, en 1912 se abre una casa en Almansa para la educación de niños y obreras.
Juana María Condesa murió el 16 de enero de 1916. Fue declarada venerable el 7 de julio de 1997 y beata el 23 de marzo de 2003 por el papa san Juan Pablo II. Su memoria litúrgica se celebra el 16 de enero.