Rezar por las vocaciones, acompañar, así como despertar la inquietud vocacional entre los jóvenes invitándoles a interrogarse sobre su vocación. Estas son las intenciones de la Jornada Mundial de oración por las vocaciones , que la Iglesia celebra el 21 de abril, domingo del Buen Pastor y cuarto de Pascua. A esta jornada se une, como ya es tradición, la Jornada de vocaciones nativas, que busca busca sostener las vocaciones de especial consagración que surgen en los territorios de misión para que ninguna de ellas se quede frustrada por falta de recursos. Ambas jornadas se celeban bajo el lema, ‘Hágase tu voluntad. Todos discípulos, todos misioneros’.

CARLOS ALBIACH| 11.4.24

Para vivir esta Jornada en las parroquias y diferentes realides eclesiales desde el nuevo servicio de Pastoral Vocacional de la Conferencia Episcopal Española (CEE( han preparado una serie de materiales, entre los que se encuentra la Semana de oración vocacional que tiene como objetivo “acompañar a los niños y jóvenes a profundizar en la invitación del Señor a seguirlo en un proyecto de vida concreto dentro de las diferentes formas de vida existentes en la Iglesia”, apuntan desde la CEE.

Además también se han elaborado catequesis tanto para niños como para jóvenes y adultos. Este año, en la parte para los niños, se ha empleado como texto base el mensaje del papa Francisco con motivo de la I Jornada Mundial de la Infancia, que se va a celebrar en Roma el 25 y el 26 de mayo de 2024. En este mensaje el Santo Padre les llama a uniser a Jesús: “Mis pequeños amigos, para renovarnos a nosotros mismos y al mundo, no es suficiente con que estemos unidos entre nosotros: es necesario que estemos unidos con Jesús. Él nos infunde mucho valor, porque está siempre a nuestro lado, su Espíritu nos precede y nos acompaña en los caminos del mundo”. “No podemos llegar a ser felices en solitario, porque la felicidad crece en la medida en que se comparte; pues nace con la gratitud por los dones que hemos recibido y que a su vez compartimos con los demás”, añade.

PEREGRINOS DE ESPERANZA
El Santo Padre también ha hecho público, como es habitual, el mensaje para la 61ª Jornada Mundial de oración por las vocaciones. Francico con sus palabras invita este año “a considerar el precioso don de la llamada que el Señor nos dirige a cada uno de nosotros, su pueblo fiel en camino, para que podamos ser partícipes de su proyecto de amor y encarnar la belleza del Evangelio en los diversos estados de vida”. “Escuchar la llamada divina, lejos de ser un deber impuesto desde afuera, incluso en nombre de un ideal religioso, es, en cambio, el modo más seguro que tenemos para alimentar el deseo de felicidad que llevamos dentro. Nuestra vida se realiza y llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras cualidades, en qué ámbitos podemos hacerlas fructificar, qué camino podemos recorrer para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de paz, en los contextos donde cada uno vive”.

Asimismo, les dirige unas palabras a los jóvenes: “déjense fascinar por Jesús, plantéenle sus inquietudes fundamentales. A través de las páginas del Evangelio, déjense inquietar por su presencia que siempre nos pone beneficiosamente en crisis. Él respeta nuestra libertad, más que nadie; no se impone, sino que se propone. Denle cabida y encontrarán la felicidad en su seguimiento y, si se los pide, en la entrega total a Él”.

En su mensaje también hace referencia al lema, ‘Peregrinos de esperanza’ del próximo Año Jubilar, que tendrá lugar en 2025. “Somos peregrinos porque hemos sido llamados. Llamados a amar a Dios y a amarnos los unos a los otros. Así, nuestro caminar en esta tierra nunca se resuelve en un cansarse sin sentido o en un vagar sin rumbo; por el contrario, cada día, respondiendo a nuestra llamada, intentamos dar los pasos posibles hacia un mundo nuevo, donde se viva en paz, con justicia y amor. Somos peregrinos de esperanza porque tendemos hacia un futuro mejor y nos comprometemos en construirlo a lo largo del camino”, destaca.

“Este es, en definitiva, el propósito de toda vocación: llegar a ser hombres y mujeres de esperanza. Como individuos y como comunidad, en la variedad de los carismas y de los ministerios, todos estamos llamados a “darle cuerpo y corazón” a la esperanza del Evangelio en un mundo marcado por desafíos epocales: el avance amenazador de una tercera guerra mundial a pedazos; las multitudes de migrantes que huyen de sus tierras en busca de un futuro mejor; el aumento constante del número de pobres; el peligro de comprometer de modo irreversible la salud de nuestro planeta. Y a todo eso se agregan las dificultades que encontramos cotidianamente y que, a veces, amenazan con dejarnos en la resignación o el abatimiento”, añade.