Toda la ‘familia PARAULA-Iglesia en Valencia’ que ha trabajado en estos 1.500 números, desde 1987 a 2018, redactores, corresponsales, colaboradores, en torno a la monumental tarta de Pastelería Galán, de Albal. (FOTO: V.GUTIÉRREZ)


PARAULA Iglesia en Valencia llega hoy a su número 1.500. Casi sin darnos cuenta, como de refilón, inmersos en el día a día, nos dábamos cuenta hace apenas unas semanas de que alcanzábamos este hito tan redondo justamente en este último número del año. Llevamos más de tres décadas de andadura en las que desde la mesa de redacción, hemos sido testigos y narradores con nuestras pobres palabras de lo mucho y muy bueno que Dios hace en este pueblo que peregrina por tierras valencianas. Es a Él a quien damos las gracias, sobre todo y por encima de todo, por haber llegado hasta aquí.
PARAULA es una obra de toda la diócesis y no sería posible, desde luego, si cada semana, cada día, no tuviéramos quienes nos ponemos manos a esta obra, no sólo la confianza, sino la colaboración total y, por qué no decirlo, la simpatía y el cariño de muchas personas e instituciones. Su ayuda constante, sus orientaciones, a veces también su paciencia por nuestras llamadas a no propicias horas, nos permiten reflejar en estas páginas cada semana el latido de una diócesis, que es – y, creannos, somos testigos privilegiados de ello- un manantial inagotable de noticias, hechos y testimonios luminosos, auténtica obra de Dios e inabarcable en estas páginas.
Por todo ello, hoy quisiéramos agradecer de manera muy especial la colaboración y la confianza sincera que hemos encontrado en todos estos años del Sr. Arzobispo -mil quinientas gracias querido D. Antonio por su expresiva carta que abre estas páginas- y de sus obispos auxiliares, de todos los que les han precedido como pastores de nuestra diócesis y que nos han regalado con su afecto permanente, de toda la Curia diocesana y en especial de cada una de las delegaciones diocesanas del Arzobispado de Valencia. Igualmente, queremos trasladar esa gratitud a los responsables de todas y cada una de las vicarías territoriales de nuestras diócesis, de los arciprestazgos y parroquias, de la Catedral y de las colegiatas, del Seminario Metropolitano, de la Basílica de la Virgen, a todos los sacerdotes y a los institutos de vida consagrada en la diócesis de Valencia y, que desde esta diócesis se extienden al resto del mundo, y muy en especial a los misioneros. También a los laicos que trabajan al servicio de la Iglesia, en las hermandades, cofradías, en tantísimas entidades y asociaciones de todo tipo.
Y finalmente, gracias a todos y cada uno de nuestros lectores, en su inmensa mayoría suscriptores, de todas las edades, desde los más veteranos hasta las nuevas generaciones, en especial, tantos miles de estudiantes y profesores de la Universidad Católica de Valencia a cuyos hogares llega nuestra publicación.
Y, por supuesto, 1.500 gracias a los anunciantes que confian en PARAULA.
Sin duda alguna, muchas realidades de nuestra Iglesia diocesana que merecían ser publicadas en estas décadas, habrán quedado fuera de estas páginas por razones de espacio o por nuestras torpezas. Así que también es momento de pedir perdón y comprensión a quienes se hayan podido sentir defraudados en algún momento, y agradecer sus críticas. La lucha por el espacio en una publicación como ésta es una batalla continua que sólo se puede solucionar parcialmente gracias a los nuevos soportes, las nuevas tecnologías. Y en ello estamos.
De ahí que haber llegado a estos 1.500 números no pueda ser una alegría autorreferencial como nos dice el papa Francisco, sino que es algo que nos impulsa, en ese estilo de Iglesia en salida que no se queda recluida en sí misma sino que afronta nuevos retos, para mejorar el periódico y acometer las renovaciones necesarias. Sobre todo en este Año Santo Jubilar, proclamado en el sexto centenario de la muerte de quien fue en su día un auténtico maestro técnicas comunicativas, nuestro San Vicente Ferrer.
¡1.500 gracias, bona gent! ¡Y muy feliz año 2019!