E.A. | 14-06-2017

Más de un centenar de presbíteros valencianos participaron en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. (Foto: Inma Miñana)

Más de un centenar de presbíteros valencianos participaron en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. (Foto: Inma Miñana)

“Mil veces volveríamos a dar el paso que dimos hace 25 años para convertirnos en sacerdotes”. Así resumía José Vicente Puig el sentir de los presbíteros que este año celebran sus bodas de plata sacerdotales. Fue el pasado jueves, día 8, en el Seminario Mayor de Moncada, durante la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, una jornada de encuentros, abrazos y convivencia para el clero valenciano.
José Vicente Puig habló en representación de los sacerdotes que recibieron la medalla como homenaje de la diócesis por sus 25 años de tarea pastoral.
El sacerdote reconoció que en estos años “no todo ha sido perfecto y que ha habido momentos de dificultad y desánimo pero, después de superados, esos momentos han modelado nuestra vocación”.
“Después de 25 años – señaló- lo más importante que podemos hacer es agradecer lo que hemos recibido como un regalo, ya que estamos convencidos de que, a pesar de nuestros pecados, el Señor es el que no nos ha abandonado nunca”. Puig tuvo un recuerdo para los compañeros de promoción secularizados y “un recuerdo agradecido para D. Rafael Sanus”, administrador de la diócesis cuando fueron ordenados, que arrancó el aplaudo de los asistentes.
“El Señor me sedujo”
En representación de los sacerdotes que celebran sus bodas de oro, intervino Salvador Biosca, que habló sobre cómo surgió su vocación sacerdotal, su experiencia en el seminario y las vivencias en las parroquias en las que ha desempeñado su labor pastoral.
Biosca quiso resaltar el papel fundamental de los párrocos en las vocaciones y contó cómo el sacerdote de La Asunción, de Albaida, tras su primera comunión le dijo: “Tu puedes ser sacerdote, pídeselo a la Virgen”. Como a Salvador no le gustaban las sotanas negras le dijo a su párroco que no quería. “En la preadolescencia mi hermano enfermó y yo prometí que si se salvaba, yo entraba en el seminario. A los pocos días murió y yo descarté para siempre ser sacerdote”, relató Salvador Biosca, que reconoció que gracias a otro sacerdote, “el Señor me sedujo y yo me dejé seducir”.
Salvador también habló sobre la formación en el seminario “que abrió el horizonte de su vida y su inteligencia”, sus inicios en la pastoral obrera y su paso por las parroquias de San Pedro Apóstol de Xàtiva, el Buen Consejo de Torrent (de nueva creación), San Pedro de Sueca, o la Epifanía del Señor.
Biosca concluyó animando a sus compañeros: “No nos desanimemos si no vemos frutos, porque nuestra misión solo es sembrar”.