Eduardo Martínez | 18-02-2015
Máximo-Lledó-cleroLa archidiócesis de Valencia vuelve a contar, veinte años después, con una delegación orientada específicamente a la atención de los sacerdotes. Acaba de ser creada por el arzobispo de Valencia, que le ha dado rango de delegación episcopal. El cardenal Antonio Cañizares ya expresó desde primera hora, en su carta a la archidiócesis tras ser nombrado titular de ella por el Papa el pasado agosto, que una de sus prioridades en su gobierno pastoral serían los sacerdotes. Coherente con ello, el purpurado ha erigido la nueva delegación episcopal para el Clero, como él mismo anunciaba también en la segunda parte de su última carta pastoral a la diócesis de Valencia (PARAULA, nº 1.315, 8-2-2015).
El titular del nuevo organismo diocesano será el sacerdote José Máximo Lledó, a quien a tal efecto el cardenal Cañizares ha nombrado delegado episcopal para el Clero. Lledó mantendrá, además, sus cargos como rector del colegio mayor-seminario de la Presentación y Santo Tomás de Villanueva y de la iglesia de El Salvador, mientras que cesa como delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Valencia. En ese último desempeño en Cáritas, será sustituido por el vicario episcopal de Acción Caritativa y Social, José María Taberner.
La delegación episcopal para el Clero se encargará de la atención espiritual y material de los sacerdotes de la archidiócesis de Valencia. Para ello, realizará un servicio de acompañamiento de los presbíteros para “poder ayudarles en el buen desempeño de su ministerio sacerdotal, así como para detectar con prontitud, o en su caso prevenir, las necesidades o problemas que puedan tener”, ha explicado a PARAULA José Máximo Lledó.
Así, entre otros servicios concretos que ofrecerá la nueva delegación están las visitas personales a sacerdotes, en función de las necesidades que se vayan detectando e incluyendo en ellas a presbíteros que han dejado de ejercer temporalmente su ministerio o que tienen dudas sobre su vocación; atención a presbíteros mayores o enfermos; organización de sesiones formativas del clero o promoción de iniciativas similares organizadas por otros organismos –como la Facultad de Teología de Valencia o la Conferencia Episcopal Española (CEE)-; retiros y ejercicios espirituales; distribución de materiales formativos propios o de la misma CEE; apoyo para el acondicionamiento de viviendas del clero que no se encuentren en buen estado; o fomento de la dirección espiritual de sacerdotes a sacerdotes.
El nuevo equipo
Para desarrollar esas labores, la nueva delegación episcopal programará además reuniones periódicas con grupos de sacerdotes por vicarías territoriales. La sede de la delegación estará en un piso en Valencia que ha de ser todavía acondicionado y que estará preparado dentro de dos meses aproximadamente.
La última vez que la archidiócesis valentina contó con una delegación dedicada al clero fue durante el pontificado del arzobispo Miguel Roca. Al frente de ese servicio hubo sacerdotes como José Alba o José Vilaplana, hoy obispo de Huelva.
La nueva delegación episcopal para el Clero contará con un equipo de ocho sacerdotes, además de José Máximo Lledó. Se trata de Eduardo Saiz, Ángel Miguel Olivares, José Ramón Bayarri, Miguel Enrique Cerdá, José Cuadros, Francisco Furió, Rafael Vello y Miguel Payá.
Lledó: “Pondremos mucho énfasis en la coherencia de fe y vida
Tras producirse el nombramiento de José Máximo Lledó como titular de la nueva delegación episcopal para el Clero, PARAULA conversó con él sobre su cometido y sobre el presbiterado valenciano.
– Pese a que en las dos últimas décadas no ha habido un departamento específico dedicado al clero, algunos de los servicios que prestará la nueva delegación episcopal se han venido realizando de una u otra manera. ¿Qué aportación traerá la nueva delegación y qué motiva su puesta en marcha?
– A partir de ahora, la atención a los sacerdotes podrá desarrollarse de una manera más sistematizada y, por tanto, más eficaz. Entre las motivaciones para la creación de esta nueva delegación episcopal está la importancia sustancial que el sacerdote tiene para la vida de la Iglesia, una importancia de la que es muy consciente don Antonio, y el hecho de que los presbíteros se enfrentan de un tiempo a esta parte a una serie de dificultades que hacen urgente una atención y un acompañamiento más estrechos.
– ¿Podría nombrar algunas de ellas?
– El proceso creciente de secularización en nuestra sociedad favorece que los sacerdotes se sientan seguramente más solos que antes. A eso hay que añadirle la escasez de vocaciones, lo que multiplica los trabajos pastorales de los curas y, no pocas veces, eso produce un gran estrés. Por eso vamos a tener una atención especial con los sacerdotes jóvenes, para acompañarles en sus primeros años de ministerio ante posibles dudas de vocación o de sus tareas pastorales, incluso ante posibles sentimientos de soledad. Además, estaremos muy pendientes de los sacerdotes mayores, para atenderlos física y espiritualmente en caso necesario y para ayudar a adecuar su trabajo pastoral en los casos en que puedan seguir ejerciéndolo. También nos pondremos en contacto con los sacerdotes en crisis, los que han dejado temporalmente el ministerio, para interesarnos por ellos y ayudarles en todo lo que podamos.
– En general, ¿qué diagnóstico hace del clero valentino?
– Es un gran clero, con vocación, bien formado y esforzado en sus cometidos, que se entrega con generosidad a los fieles que se les ha asignado. También es verdad que se percibe a veces un cierto acomodamiento en esas tareas inmediatas o fundamentales. Eso puede llevar en ocasiones a que no haya suficiente sentido de diocesaneidad, lo que puede favorecer un cierto aislamiento, falta de coordinación con otros sacerdotes o de participación en celebraciones y actos diocesanos importantes para la formación y crecimiento personal.
Desde la nueva delegación episcopal trataremos de fomentar esa formación, animando a participar en las actividades que ya ofrece la diócesis y convocando alguna otras. Pondremos mucho énfasis en la importancia de la coherencia de fe y vida, en la Eucaristía como centro de la vida cristiana, en la figura del Buen Pastor y en las de los santos arzobispos de Valencia santo Tomás de Villanueva y san Juan de Ribera, en el carácter martirial del ministerio sacerdotal -como decía san Juan Pablo II-, en el amor a la Virgen o en el trato humano a los fieles.
– ¿Qué papel desempeñan los laicos en el buen desarrollo del ministerio sacerdotal?
– Unos y otros se influyen muy estrechamente. El que da, recibe. Así que el sacerdote que se entrega a sus fieles, lo normal es que reciba de ellos también mucho, que colaboren bien con él, que lo acojan y que lo cuiden.
– Con su nuevo cargo deja de ser delegado episcopal de Cáritas. ¿Cómo ha recibido el nombramiento y que destacaría de sus años en Cáritas?
– Lo recibo con gran alegría y responsabilidad, pese a que ya estoy en la última etapa de mi vida. En cuanto a Cáritas, ha sido una etapa muy feliz. Entre otras muchas cosas, creo que se ha trabajado muy bien con los sacerdotes en el amor a los más pobres. Eso es algo que desde la delegación episcopal para el Clero seguiremos impulsando.