Peticiones a los Reyes Magos del cardenal Arzobispo de Valencia

El lunes celebramos la fiesta de la Epifanía, de los Magos de Oriente. Y hoy escribo este artículo haciendo unas reflexiones y peticiones a los Magos de Oriente, al hilo de lo que hemos podido ver, escuchar, y adivinar en los debates de investidura. Por supuesto, acepto abiertamente el resultado de la investidura y felicito al Sr. Presidente elegido.

«Podemos imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales. Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel Niño al rey que buscaban, al Dios al que la estrella les había guiado» (Benedicto XVI). Por eso, en ese día de Reyes, día de regalos en memoria de los regalos de los propios Magos a Jesús de oro, incienso y mirra, reconociéndole como Rey, como Dios y como Hombre, pedí, como regalo, para todos que Dios nos aumente o conceda la fe, que es la base y el fundamento de España, aunque ya no se reconozca. En las circunstancias que atravesamos he pedido de todo corazón para el pueblo español que sepamos vivir, como los Magos de Oriente, el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por un profundo amor al hermano. El mayor don que puedo pedir es que se fortalezca la fe y el testimonio de todos los fieles cristianos, y que los que están alejados o vi ven con una fe debilitada o sin fe crean: porque no da lo mismo creer que no creer para el futuro y el logro del hombre y de la Humanidad, de España, no da lo mismo para hallar respuesta ante tanta pregunta por el hombre, por los españoles, perdidos, confusos y perplejos en estos días de debate ante lo que estaban viendo por TV. ¿No les parece que si creyésemos más hondamente nos acercaríamos más al hombre, a todo hombre sea cual sea su condición, sobre todo al caído, despojado, orillado y mal trecho, como el Buen samaritano, el Hijo de Dios, por el que los Magos se pusieron en camino?¿Se podría jugar como se ha jugado con España estos días, si nos hubiésemos dejado llevar por la verdad en lugar de la mentira y el engaño? ¿Se ha jugado limpio y con principios y criterios éticos y morales que sustentan el bien común o más bien ha primado el interés enemigo del bien común, en este caso de España?

Como ese incienso, que los Magos entregaron a Jesús, en reconocimiento de que es Dios, he pedido sinceramente a los Reyes Magos para todos que también nosotros reconozcamos a Jesús como Dios; que le adoremos como a Dios, que adoremos a Dios. Sólo de Dios viene el cambio decisivo del mundo, y también de España. En el siglo pasado, y hoy perdura, y ahí está el marxismo como muestra y otras ideologías, se ha extendido una mentalidad para la que el gran programa común para un cambio decisivo de la historia a mejor, sería el no esperar nada de Dios, el silenciarlo o reducirlo al olvido o a la esfera de lo privado, para tomar totalmente en la propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y vemos que, de este modo, se toma un punto de vista humano y parcial como criterio absoluto de orientación. Pero la absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza. Sólo salva dirigir la mirada al Dios vivo, que es nuestro Creador y Redentor, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico, el Amor que plenifica; por eso hago esta petición.

Y por eso mismo he pedido nos conceda Dios que abramos nuestras puertas a Cristo sin ningún miedo y que le dejemos todos entrar en nuestra casa, en nuestras vidas, que entremos todos en su casa donde está Él, porque quien deja entrar a Cristo en su propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. Sólo desde este encuentro y amistad con Él se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con este encuentro y amistad se abren realmente las grandes e inmensas potencialidades de la condición humana, sólo así se abre la grandeza de ser hombre, base para la paz, que es lo que caracteriza secularmente a España, a partir de su constitución como tal tras el III Concilio de Toledo, y que la ha hecho artífice de tantas empresas llevadas en común conforme a su vocación, se diga lo que se diga, inseparable de la fe cristiana y del Evangelio.

Pero el Príncipe de la mentira no está conforme con esta vocación, y está buscando dañarle, devorarla como león rugiente. No hablo míticamente, sino con realismo, porque ese príncipe de la mentira existe y lo hemos visto a lo largo de la historia personal y colectiva. Pero no podrá. Lo repito, no podrá. Tenemos la certeza de la promesa del Señor.

He pedido a los Reyes Magos que se lleguen ante Dios para que conceda a nuestro pueblo que, permaneciendo muy unido en la misma fe y robustecido por el amor mutuo, se nos quiten los complejos y los miedos de aparecer como cristianos, que se nos note que lo somos y que, sin temor, salgamos a donde están los hombres y se juega su suerte y su futuro para allí evangelizar y hacer presente, en obras y palabras, el Evangelio de Jesucristo que es fuerza de renovación de humanidad hecha de hombres y mujeres nuevos con la novedad del Evangelio y su luz. Que vivamos de verdad las exigencias del Evangelio para contribuir decididamente a la renovación de la sociedad, de España, la creación de una nueva cultura de la vida y de la fraternidad y de una nueva civilización del amor. Que se dé, en suma, una revitalización y trabazón cristiana de nuestras comunidades para hacer posible un nuevo tejido de nuestra sociedad.

Para esta sociedad nuestra he pedido a Dios, por intercesión de los Magos que buscaron al rey de Israel y Príncipe de la paz, que nos conceda paz, que no golpee la violencia ni en nuestras tierras de España o de Europa, ni en ninguna parte del mundo; que todos seamos una «piña» frente a la violencia , la mentira o el engaño que hacen imposible el amor, la caridad evangélica. Que crezca en todos los ciudadanos un verdadero amor al hombre, a todo hombre sin excepción ni marginación. Que, en todo se trabaje al servicio del hombre, singularmente de los más pobres y desheredados. Que la dignidad inviolable de todo ser humano se respete. Que se respete, de manera muy principal, a los niños, y que no se les «robe el alma» con un ambiente social o una pseudocul tura alienante y vacía. Que crezca el desarrollo y el bienestar para todos, y que este desarrollo y bienestar no vaya acompañado de una cultura vacía de propuestas verdaderas de sentido para la vida, porque la falta de una razón para vivir adecuada a la verdad termina siempre generando violencia y conflictos. Por eso he pedido a los Reyes Magos que nos ayuden a mejorar la educación sin adoctrinamientos, a educar en la verdad que nos hace libres.

Quiero mucho a los jóvenes. Por esto no puedo olvidarlos. Sobre todo he pedido para ellos que no caminen como ovejas sin pastor, que encuentren quien les lleve a Jesucristo, porque es en El donde encontrarán la felicidad que andan buscando, la raíz y la fuerza para ser verdaderamente libres, la razón de la esperanza que les impulse con sentido hacia el futuro, y la escuela donde hallar el verdadero, pleno, el profundo significado de palabras tan queridas por ellos, como son «paz, amor, justicia». Que crean en Jesucristo para que su vida se llene de sentido. Si conocieran el don de Dios, si conocieran a Jesucristo. .. Y ha pedido también por la mujer, de la que dijo cosas tan bellas el Papa Francisco el primero de enero, fiesta de Santa María Madre de Dios, porque «la mujer es fuente de vida, y sin embargo son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse y a eliminar la vida que llevan en el vientre; toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer» (Papa Francisco).

También me he atrevido a pedir algo para mí: Que sea un Obispo, pastor, conforme al corazón de Dios: fiel, santo, compasivo, sencillo, humilde, cordial, acogedor, cercano a todos, singularmente a los últimos y a los que sufren. Que trabaje incansablemente por reunir y unir a todos en la Iglesia de Jesucristo. Que, a tiempo y a destiempo, no me eche atrás en el anuncio del Evangelio, que evangelice sin desmayar, que a todos y en todas partes les entregue el verdadero tesoro, la única riqueza que la Iglesia ha recibido: Jesucristo. Y que lo entregue tras haber tenido trato de amistad y experiencia viva y de comunión con Él, tras orar mucho por todos -señal de que los quiero, que quiero a todos- alabando y bendiciendo sin cesar a Dios el único necesario, inseparable del amor al hermano, cosa que intento con todas la diócesis, entre otras cosas, con la apertura del Hogar para menores, con el albergue nocturno para los sintecho, con el hogar para mayores con hijos discapacitados, con la acogida de inmigrantes, con la asunción por parte de la diócesis de la obra para discapacitados profundos, ya en niñez, y con el apoyo diocesano a la Ciudad de la Esperanza y otras obras sociales y de caridad, ya en marcha o en vías de ponerlas en marcha o ampliarlas. Que no tenga miedo a proclamar la verdad de Dios de la que es inseparable la verdad del hombre, aunque resulte duro pero gozoso, y que sea instrumento dócil para alentar en la esperanza, animar la caridad y confirmar en la fe. Espero que los Magos de Oriente, cuando puedan me lo concedan. Por último he pedido a los Magos de Oriente su ayuda y su regalo a la diócesis en el Sínodo diocesano para que Dios haga de ella una diócesis evangelizada y evangelizadora.