Según el relato biblíco Jesús era el hijo del carpintero, de San José, y en el taller ha sido donde muchas veces el arte ha representado a José. Su faceta como trabajador o artesano ha hecho que múltiples profesiones artesanales lo acojan como patrón. Y como no podía ser menos, entre ellos los carpinteros. En la ciudad de Valencia el ‘gremi de fusters’ lo tiene como patrón desde el siglo XIV. Uno de los gremios históricos, que aún perviven, con una gran tradición.

Antigua sede del gremio en Valencia.

CARLOS ALBIACH| 14.3.24

La figura de San José siempre se ha vinculado a un artesano o carpintero. De hecho, habitualmente se ha puesto de modelo para el trabajador cristiano, que trabaja para ganar el sustento. En la carta apostólica ‘Patris corde’ el papa Francisco recordaba que ya León XIII en su importante encíclica social ‘Rerum Novarum’ así lo asociaba. “San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”, destaca Francisco.

A lo largo de la historia han sido muchos los trabajadores y gremios que se han fijado en la figura del carpintero de Nazaret y al que han acudido para pedirle que intercediera por ellos y por los frutos de su trabajo. Entre esos gremios, como no podía ser de otra forma, se encuentra el de los carpinteros. En la ciudad de Valencia, el Gremio de Artesanos Carpinteros (en su origen ‘Confraria y offici de fusters’) tiene a San José como patrón desde el siglo XIV. Gremio, que además, está vinculado a las fiestas de las Fallas.

El gremio de carpinteros, como recuerda en la revista de la entidad Lorena Benavent, profesora de Geografía e Historia, debe situarse en las décadas posteriores a la conquista cristiana por parte de Jaime I, en el siglo XIII, por lo que es una de las asociaciones empresariales en Valencia con mayor tradición e historia. En Valencia, recuerda la historiadora, la huella del trabajo de la madera aparece en nombres de calles como Cadirers, Caixers, Capsers, Aladrers o en la denominación Fusteria con la que se conoció durante siglos una parte de la Plaça del Mercat. “Esta concentración simplificaba la llegada y distribución de las materias primas, permitía la colaboración entre talleres, y era fomentada desde los poderes públicos ya que facilitaba el control y la recaudación de tributos por parte de las autoridades municipales y reales”, explica. Hay que tener en cuenta la creación de agrupaciones de artesanos fue especialmente importante en esa época “ya que permitiría la solidaridad y la asistencia mutua, así como la defensa de intereses comunes”.

PATRÓN DEL GREMIO
Lo curioso en su historia es que no siempre San José fue el patrón del gremio. De hecho, su primer patrón fue San Lucas y al él tenían dedicada una capilla en la iglesia de Sant Joan del Mercat o parroquia de los Santos Juanes, en la que había un retablo con la vida de San Lucas de gran calidad.

En 1497 se establece que San José es el patrón del gremio. Un patronazgo lógico al ser considerado como carpintero. También hay que situar este cambio en los siglos XV y XVI, época en la que coge fuerza la devoción josefina en la Iglesia gracias a, entre otros, a San Vicente Ferrer. No es hasta 1621 cuando se declara como fiesta en toda la Iglesia. Sin embargo, en Valencia el arzobispo Juan de Ribera ya lo había propuesto como protector de la ciudad años antes. En este contexto, la fiesta San José promovida por los carpinteros va cogiendo fuerza.

Respecto a su vinculación a las Fallas, según señalan diversos historiadores, no son los carpinteros quienes crean esta fiesta, que nace primero con simples hogueras y ya después con ‘ninots’, sino que es una expresión del pueblo. Aún así, desde el principio colaboraron activamente y con el paso de los años la relación fue muy estrecha. Hay que tener en cuenta que se quemaban la víspera de su fiesta, la de San José, y que participaban primero dando artículos de madera y luego elaborando los catafalcos donde se colocaba el monumento.

Uno de los lugares vinculados al gremio en la ciudad de Valencia es el Palacio Balmes, antigua sede del gremio y aún de su propiedad. Un palacio del siglo XVI que pone de manifiesto la importancia histórica y económica que llegó a tener el gremio en Valencia.

EL GREMIO HOY
Hoy el gremio de carpinteros ha evolucionado y está adaptado a los nuevos tiempos. Bajo el nombre de ASEMAD (Asociación de Empresarios de Carpintería y Afines de la Comunidad Valenciana) continúa con el legado del gremio defendiendo los intereses de las empresas que se dedican al variado mundo de la madera. En la actualidad forman parte de ella dos mil empresas, aunque en todo el territorio valenciano hay más de 2.600 que forman parte de este sector. Un sector que genera 20.000 puestos de trabajo y que aglutina a muchas empresas familiares.

El presidente de ASEMAD, Alejandro Bermejo, reconoce que son de los pocos gremios que aún permanecen vivos. “Valencia siempre ha estado vinculada al negocio de la madera, es cuna de la madera y la existencia de este gremio histórico así lo pone de manifiesto”, señala. Es cierto que hoy la imagen del carpintero ya no es la del operario con sierra en la mano y lápiz en la oreja y nos encontramos con que la empresas han evolucionado y de ahí que hayan salido en su mayoría de la ciudad a los polígonos industriales. “Son empresas automatizadas y donde parte del proceso está digitalizado”, destaca el presidente.
Hoy el negocio de la madera, como cuenta el presidente de la entidad, se encuentra en buen estado aunque se acusa la falta de relevo generacional. También destaca que es un sector “sostenible, puesto que la madera es de gran sostenibilidad, ya que además de ser de larga durabilidad una vez desechada se puede reutilizar para hacer nuevos materiales o para hacer biomasa”.

ASEMAD continúa además con las tradiciones propias del gremio y la fiesta de su patrón, San José, sigue siendo su fiesta. Ellos participan activamente en la misa que se celebra en la Catedral junto a Junta Central Fallera el día 19 de marzo en el que ofrecen como un signo de su trabajo dos instrumentos característicos como la sierra y el cartabón. También están vinculados a las fallas y entidades de Ciutat Vella, barrio en el que nació el gremio.