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En el marco del Día Mundial de la Madre Tierra, Manos Unidos recuerda tres proyectos en Asia, África y América Latina y El Caribe para luchar contra la desigualdad que agudiza la injusticia climática 

BELÉN NAVA

La crisis climática ya forma parte de la cotidianidad de miles de personas que conviven diariamente con sus consecuencias. Así lo corroboran las cifras que maneja la ONG católica Manos Unidas. “El 80% de las personas más pobres viven en zonas rurales. Su subsistencia depende de la salud de los ecosistemas y el cambio climático incide en la producción de alimentos”, alerta Marco Gordillo, coordinador del Departamento de Incidencia y Alianzas de Manos Unidas.

Desde la entidad alertan que la crisis climática está golpeando a los más vulnerables. Esto hace que se incremente, a la vez, la espiral de desigualdad y pobreza. “No obstante, el ser humano es la única especie capaz de cambiar el planeta tal y como recuerda la campaña ‘Efecto Ser Humano’ de Manos Unidas”, explican.  “Trabajar por la salud de los ecosistemas es imprescindible para que la gente más pobre pueda vivir con dignidad y eso pasa por el cuidado de la Tierra”, indica Gordillo haciendo un llamamiento en el día Mundial de la Madre Tierra. 

Proclamado por Naciones Unidas, en este día, la organización recuerda, que se necesita un cambio hacia una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. 

CAMBOYA: De la Sequía a las Inundaciones

Camboya, uno de los países del sudeste asiático más vulnerables al cambio climático, sufre desde 2015 largas temporadas de graves sequías, que se intercalan con temporadas de lluvias torrenciales e inundaciones. 

El cambio climático ha golpeado de forma severa a su principal sector productivo que no es otro que la agricultura. “La mayor parte de la población vive del cultivo de arroz, a pesar de que el rendimiento alcanza apenas los 160 dólares por persona y año. Igualmente, la mayor parte de esta cantidad la gastan en fertilizantes y pesticidas, sobre todo en la estación seca”, comentan.  

Por este motivo, Manos Unidas “está capacitando a los agricultores de 28 aldeas de seis comunas de la provincia de Siem Reap, en el norte del país, en técnicas de cultivo y variedades de arroz resistentes a la sequía, diversificación de cultivos de hortalizas y cría de pollos. Asimismo, el proyecto los formará en la creación de grupos de productores y la constitución y fortalecimiento de cooperativas agrícolas para comercializar los excedentes de arroz y pollos en el mercado provincial”.

“Estos grupos recibieron formación sobre reducción del riesgo de catástrofes, adaptación comunitaria al cambio climático y conceptos de gestión de catástrofes, como evaluación de riesgos, identificación de peligros, análisis de vulnerabilidad y desarrollo de capacidades”, explica Mam Sambath, Director Ejecutivo de Development and Partnership in Action (DPA), socio local de Manos Unidas.  

“El establecimiento de planes de gestión de catástrofes y respuesta de emergencia en las aldeas fue otro resultado crucial de los esfuerzos de DPA”, agrega

PARAGUAY: FERTILIZANTES Y PLAGUICIDAS

La expansión de la ganadería y la agricultura empresarial, con alto uso de fertilizantes y plaguicidas potencialmente tóxicos, se encuentran detrás  de las elevadas tasas de deforestación de Paraguay. En los últimos años, este país ha visto disminuir su masa boscosa de manera drástica, pasando de 9 millones de hectáreas originales a 1,3 millones en 2016.  

La deforestación es un propulsor de la crisis climática que provoca que las lluvias se concentren en un corto período causando fuertes inundaciones y que las sequias sean más largas y extremas, lo que incrementa el número e intensidad de los incendios forestales. 

Además, el país también es vulnerable a la pobreza y la desigualdad por sus frágiles medios de subsistencia. Por este motivo, cerca de 25.000 personas que forman parte de 14 organizaciones de productores, 43 comités de mujeres, 64 comunidades indígenas de seis pueblos originarios y 140 funcionarios/autoridades locales en 126 comunidades, participarán en un proyecto de Manos Unidas para fortalecer las capacidades de gobernanza e incidencia de la sociedad civil. 

“Con el objetivo de aumentar la resiliencia ante los impactos de los cambios en el clima, esta iniciativa incluye una acción preventiva de reducción de emisiones y otra de adaptación, promoviendo hábitos y sistemas productivos agroecológicos, con empleos verdes, ecoturismo y gestión del territorio”. 

MADAGASCAR: SOS DEFORESTACIÓN

La situación se repite a miles de kilómetros. La deforestación también amenaza a Madagascar: cada año desaparecen 300.000 hectáreas de bosque. Las consecuencias de esta actividad humana se traducen en graves eventos climáticos, degradación de las cuencas hidrográficas, disminución de la fertilidad del suelo y el aterramiento de los arrozales. 

Desde hace más de 30 años, la Archidiócesis de Antsiranana está trabajando en el desarrollo de la región y la lucha contra la pobreza desde la ecología integral. Por eso, “Manos Unidas colabora con este socio local en un proyecto en la región de Diana, provincia de Antsiranana, noreste del país, con la creación de viveros, jornadas de reforestación y eventos medioambientales en los que participan 320 personas, entre ellos, estudiantes y profesores de tres escuelas y miembros de cuatro comunidades locales”.  En 2023, Manos Unidas destinó cerca de un millón y medio de euros a proyectos para el desarrollo en Asia, América y África junto a socios locales dedicados a medio ambiente y cambio climático.