Laura y Paula ante la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia.

❐ BELÉN NAVA | 15.03.2023
FOTOS: VÍCTOR GUTIÉRREZ
Cada año, cuando desde la redacción de PARAULA nos planteamos dónde llevar a las Falleras Mayores de Valencia para realizar la entrevista surge una lluvia de ideas. Algunas hay que descartarlas por ‘logística’. Es imposible acceder al sitio propuesto ataviadas con las mejores galas de la indumentaria valenciana. Aunque con ellas hemos subido a las cubiertas de la Catedral, bajado a las catacumbas de la Seo; conocido la historia del Santo Cáliz ante la sagrada reliquia; recorrido la casa natalicia de san Vicente Ferrer; contemplado de cerca los frescos de Palomino en la Basílica de la Virgen… pero hay que superarse año tras año. Hay que decir que esta vez fue Álvaro Almenar, vice-rector de la Basílica de Virgen de los Desamparados quien propuso la idea: recorrer junto a Laura Mengó, fallera mayor de Valencia, y Paula Nieto, fallera mayor infantil, la ruta urbana mariana con motivo del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen de los Desamparados.
Dicho y hecho. Una llamada de María Tomás, Vicepresidenta 3ª de Junta Central Fallera, al frente de la delegación de medios, nos confirmó la fecha y una gran sorpresa: tanto Laura como Paula vendrían a la entrevista con los espolines que iban a lucir en su exaltación como las máximas representantes de las fiestas josefinas.

Cabe decir que lo que menos nos esperábamos es que el día pactado para nuestra entrevista, apenas dos días después de haber sido exaltadas como falleras mayores, iba a ser uno de los más fríos de este invierno en nuestra ciudad. Sin embargo, a la hora convenida, y con apenas unos minutos de espera, Laura y Paula llegaron hasta el Capitulet, nuestro punto de partida en esta ruta urbana tan especial.

Las miradas de los que paseaban por los jardines del Antiguo Hospital eran de asombro. Era imposible que las dos pasaran desapercibidas. La elección del color del espolín de Laura es buena muestra de su carácter: fuerte y luchadora y decidida a dejar su impronta. Hasta ahora ninguna fallera mayor de Valencia había apostado por el negro azabache para su exaltación. Un espolín que transmite “un contraste de brillo y elegancia”.

Mientras que Paula lucía un espolín tejido en los telares de Garín en un tono que los más entendidos han definido como “cuarzo ametrino”, sin metal, que se ha sustituido por el oro viejo habitualmente utilizado en los tejidos antiguos que no llevaban este elemento.

Tras las presentaciones de rigor, arrancaba el recorrido por la ruta mariana desde el interior de la capilla que acoge la exposición de ‘La Coronació de la Mare de Déu’, con la que la Diputació de València conmemora el centenario de la coronación de la Virgen de los Desamparados.

Las Falleras Mayores en el Capitulet junto a Álvaro Almenar, vice-rector de la Basílica.

EL CAPITULET
“Comenzamos este recorrido desde este lugar histórico vinculado a la devoción a la ‘Mareta’ y que hoy queremos compartir con vosotras”, explicó Álvaro Almenar a Laura y Paula. A través de las instantáneas que muestran cómo Valencia celebró en 1923 la coronación de la Virgen, el vice-rector de la Basílica puso en situación a las máximas representantes falleras. “Imaginaros cómo se volcó el pueblo valenciano con las celebraciones”, les comentó para, a continuación, mostrarles la foto de la corona de la Mare de Déu.

“El 12 de mayo de 1923, Valencia le regaló a la Virgen esta corona, simbolizando que toda la Iglesia de Valencia reconocía en ella a nuestra patrona. Fue un regalo, al igual que todas las alhajas que luce, que son regalos que los valencianos le han hecho a su madre… y a las madres se les regala lo mejor”, afirmó con una gran sonrisa en el rostro. “Por supuesto”, contestó Laura mientras Paula asentía con firmeza.

“En el corazón de todos los valencianos tenemos el amor la Virgen santísima”, prosiguió Álvaro. “Y vosotras, en nombre de toda Valencia, el día de la ofrenda, le ofreceréis bellas flores, y con ellas intenciones y oraciones”.
“Va a ser muy emocionante y bonito”, confesó Paula mientras Laura apostillaba que además “es un momento único porque solo lo vamos a vivir una vez en la vida. Me hace muchísima ilusión”.

“Además”, les recordó Almenar, “vais a ser las falleras mayores del centenario” y eso es un motivo “de gozo” y de “alegría” apuntó Laura.

Ante el altar, Laura y Paula conocieron la historia de esta particular capilla. Allí, era donde se reunían en capítulo los miembros de la Real Cofradía de Nuestra Señora de los Inocentes, Mártires y Desamparados. Según la tradición, en esta capilla apareció la imagen original de la Mare de Déu “que la feren els angels”. En uno de los muros exteriores se lee: “Al muy honorable J. Gilabert Jofré y a los honrados trece ciudadanos caritativos fundadores del hospital de locos en 1409. Para memoria perpetua”.

Porque como bien se les explicó, allí arranca el origen del hospital, considerado el primer psiquiátrico del mundo occidental, construido en 1410 para atender a personas con enfermedad mental e impulsado por el Padre Jofré. Del antiguo hospital, se conservan el crucero, que actualmente es la Biblioteca Municipal, el pórtico, un pabellón y algunos restos arqueológicos.
Laura, enfermera de profesión, se muestra impresionada por la labor que se realizaba hace siglos. “Para evitar largos tiempos en los que estuvieran sin hacer nada, a los enfermos se les ofrecían trabajos manuales, o les enseñaba las labores de la huerta. A las mujeres se les enseñaba a hilar, bordar o realizar encajes con los bolillos. Además, se les sometía a un riguroso plan de ejercicio físico y de alimentación y se incidía en la necesidad de una buena higiene”.

“¿ Y cómo los enfermos llegaban a ingresar?”, preguntó Laura a lo que se le explicó que la asistencia médica en el hospital general era gratuita y en él solo se ingresaba de forma voluntaria, a excepción de los locos que podían ser internados por orden municipal al igual que las prostitutas que padeciesen alguna enfermedad vergonzante.

BIBLIOTECA MUNICIPAL
Seguimos el recorrido. Tanto Paula como Laura no dudan en posar dentro de lo que hoy en día es la Biblioteca Pública de Valencia o como casi todo el mundo en Valencia la conoce, “la del antiguo Hospital General”. Las miradas de extrañeza se suceden entre los que entran y salen del recinto. Algunos saben quienes son, otros apenas levantan la mirada de su móvil. Las anécdotas entre los “más mayores” que acompañamos a las Falleras Mayores se suceden comentando lo poco que se estudiaba cuando se iba allí. “Yo también venía cuando estudiaba Enfermería”, confiesa Laura con una gran sonrisa mientras caminamos hacia el siguiente punto de la ruta.

Por el callejón que nos lleva hasta el Colegio del Arte Mayor de la Seda, Álvaro resuelve las dudas que ya comienzan a plantearse las falleras mayores de Valencia. Hemos retrocedido con ellas seis siglos y cuesta imaginarse cómo era la Valencia de aquella época, tan distinta a la de ahora. Uno de los interrogantes es cómo se evolucionó desde la pequeña capilla hasta la Basílica. Y la respuesta no tarda en llegar.

Detalle de una estampa de la Virgen sostenida por las manos de Laura Mengó.

COLEGIO DEL ARTE MAYOR DE LA SEDA
Fue el rey Felipe IV quien, en una visita a Valencia en 1632, lo primero que hizo fue asistir a misa en la capilla externa de la Catedral donde estaba la ya muy venerada imagen de la Virgen de los Desamparados y se lamentó de que el recinto fuese tan diminuto para la gran devoción que se le tenía. “La imagen de la Virgen se guardaba entonces o en casa del clavario mayor o en el Capitulet. Las crónicas decían que la imagen olía a cocina mediterránea”, explicó Álvaro.

El rey encargó a su virrey en Valencia, iniciar los primeros trámites para construir una nueva capilla más capaz y digna, pero no sería hasta 1644 cuando la junta general de la Cofradía de la Verge Maria dels Desamparats, ante la inacción del poder civil, acordó construir “Capella que fós capás”. Comenzó entonces la búsqueda de aportaciones económicas para sufragar tal magna construcción pero quienes más contribuyeron fueron los vecinos de los pueblos de la huerta valenciana, que pasaban por un período de esplendor por los beneficios que les dejaba la cría de gusanos de seda. Ellos contribuyeron a la campaña del ‘didalet’. En las alquerías, ya fueran en las andanas o en los desvanes, criaban y cuidaban con hojas de moreras los gusanos, cuyos capullos de seda o la seda hilada vendían al Gremi de Velluters, para la industria de la seda.

Mientras posan para una de las fotografías que acompañan a este reportaje, Paula comentó que ella, en el casal de su falla, había “bordado el manto de la Virgen junto a mi corte de honor”. Ese manto es la contribución del pueblo valenciano a la ‘Corona de Caridad’ que ha concebido la Real Basílica de la Virgen de los Desamparados durante este año para apoyar los diferentes proyectos de su obra social y ayuda a los más desfavorecidos.

La sociedad civil valenciana ha querido sumarse participando de la realización de ese manto histórico conmemorativo al que se refiere Paula. Todos aquellos que quieren participar y dejar su recuerdo en el manto, dan sus pequeñas puntadas junto al bordador, Jaime Guillem (Angelita Suay), así se es más participe en este manto tejido, confeccionado y bordado por artesanos valencianos. Muchos de los casales falleros de nuestra ciudad ya han acogido esta iniciativa e incluso algunas parroquias.
En estos gestos se puede ver la gran devoción que siente el pueblo valenciano por su ‘Madre’, una madre que no hace distinciones. “Son muchos siglos de historia que el pueblo valenciano ha acudido a la protección”, sentenció el vice-rector de la Basílica.

“La solidaridad es muy importante”, indicó Laura, “Las fallas son conscientes de esa labor social. Han evolucionado con la sociedad y es algo en lo que se ha trabajado… pero que hay que seguir trabajando ello”.

Paula, que estudia 6º de Primaria en las Escuelas San José de Valencia también compartió esta idea. “En el colegio hacemos recogida de alimentos, de juguetes, de ropa… para la gente más necesitada”. Iniciativas que se enmarcan dentro de la propuesta educativa de los colegios de los Jesuitas con el objetivo de ayudar a su alumnado a ser personas conscientes de la realidad que les rodea, compasivos y comprometidos con el mundo en el que viven. “Cómo Iglesia somos llamados a ser solidarios en todos los ámbitos: en la fe, en la cercanía de hacer comunidad, de consolar… Solidaridad es juntar, unir, enlazar, conectar, combinar, incorporar, sumar, añadir… Un poco de todos para crear una esperanza común en Dios”, explican desde el colegio.

PLAZA DE LA MERCED
La tarde va cayendo y el frío va calando. Los niños ya han salido del colegio y el centro de Valencia retoma el bullicio perdido al mediodía. Comienzan a reconocer a Laura y a Paula y a querer realizarse fotos con ellas. Mientras caminamos hacia la Plaza de la Merced surgen temas variados, desde el cansancio que acumulan de los actos falleros vividos el fin de semana hasta las aficiones deportivas de ellas: la natación y el Fit Kid. Escuchar a Paula describir su pasión por este deporte es una delicia. En sus coreografías se combinan la fuerza, la flexibilidad, el salto y la acrobacia. Todo son palabras de respeto y agradecimiento hacia Natalia, Raúl y Marga, sus entrenadores.

Tampoco se olvida de Vera, su compañera de equipo en el club Studio Navarrete de Campanar y también en la corte de honor. La benjamina de las trece niñas tiene además un vínculo muy especial con Laura. Juntas compartieron el reinado el pasado año en L’Antiga de Campanar y, anteriormente, Laura fue la fallera mayor infantil de Sandra, la madre de Vera. Paula tampoco se olvida del Padre Ángel. Toda una institución en su colegio. “Vino a clase a felicitarme por haber sido elegida fallera mayor infantil de Valencia. “He tomado con él la Comunión y he pasado muchos momentos especiales con él”, comentó.
La tercera parada del recorrido es la Plaza de la Merced, donde estaba el antiguo monasterio de los Mercedarios, hoy desaparecido. Allí vivió el Padre Jofré, quien nació en una casa cercana cuya calle lleva el nombre de su familia (Jofrens). En una de estas céntricas calles se produjo el hecho que conmovió al mercedario: unos jóvenes maltratando a un enfermo mental. Ante ellos se interpuso el Padre Jofré y ésa fue la semilla del proyecto caritativo que manifestó en la homilía del 24 de febrero de 1409 en la Catedral de Valencia y, por tanto, el origen de la devoción a la Virgen de los Desamparados que perdura seis siglos después.

PUERTA DE LOS APÓSTOLES
Estamos a punto de finalizar nuestra ruta con las Falleras Mayores de Valencia. El siguiente lugar es la Puerta de los Apóstoles de la Catedral, cerca de la cual se encontraba la primitiva capilla de la Virgen de los Desamparados. En sus inicios, la imagen se veneraba en casa del Clavario Mayor de la Cofradía; a partir de 1589, en una pequeña capilla en la calle Bartxilla; y en el siglo XVII, en otra capilla exterior de la Seo. “La imagen original de la Virgen”, explicó Álvaro, “es la misma a la que vosotras le besasteis la mano el día que subisteis al camarín”. Un “¿en serio?” de Paula, dicho desde la más profunda emoción provocó la sonrisa de Laura que asintió serenamente, sabiendo que pueden sentirse privilegiadas al haber estado tan cerca de “la Mareta”.

PUERTA DE BRONCE
Nuestro viaje llega a su fin. Las Puertas de Bronce de la Basílica son nuestra última parada en la ruta. Estas ofrecen una auténtica catequesis en sus relieves. Tanto Laura como Paula se asoman por las dos pequeñas ventanillas enrejadas a través de las cuales puede verse el interior de la Basílica. Se puede contemplar la Virgen de los Desamparados iluminada en su altar. Ambas se quedan unos instantes serias, pensativas… a buen seguro que le están pidiendo a la ‘Mareta’ tener “unas buenas fallas”.
Laura se despide de nosotros con la invitación de “ofrendar flores a la Virgen en este año del Centenario de su Coronación”.