Fresco en la cúpula de la parroquia de San Luis Bertrán de Valencia.

Hoy un viaje entre España y Colombia puede durar nueve horas, pero el que inició el 14 de febrero de 1562, el fraile dominico y hoy santo valenciano san Luis Bertrán cuando partió de Valencia con 36 años de edad en un galeón a Nueva Granada, en Colombia, se salió de lo común: seis meses en alta mar para atracar en el puerto de Cartagena, donde lo único que se encuentra es tierra virgen tropical con un clima diferente y además frente a indígenas que hablan dialectos propios.
Hoy 457 años después, gracias a los testimonios de colombianos que viven en Valencia, descubrimos que el tesoro de la fe que nos regaló san Luis Bertrán en la Iglesia, se mantiene vivo como una herencia espiritual que nunca muere. Porque su trabajo no sólo fue formar a los novicios en Valencia sino evangelizar a los indígenas en América, obra que le permitió ser nombrado como patrono de Colombia por el papa Alejandro VIII en 1690.
Hoy de los 48 millones de habitantes de Colombia, país cuyo nombre se deriva del explorador genovés Cristobal Colón (Cristóforo Colombo) y que asimiló la cultura española más que los demás países suramericanos, el cristianismo es practicado por el 92’5% de la población del cual el 89 % son católicos.
Aunque en Valencia no es numerosa la cantidad de colombianos, si se destaca la hermandad espiritual que dejó España en Colombia donde se puede ver que los pueblos tienen nombres de pueblos y regiones españolas, como la arquitectura en la que nos hace ver la España de aquel entonces. Quizá por ello es que muchos colombianos encuentran esa identidad espiritual en España.
En Colombia la fe es muy expresiva y se manifiesta aun más en Semana Santa como la Navidad, como nos cuenta en Valencia Luis Alberto Bernal Pardo, colombiano procedente de Barranquilla Colombia que lleva viviendo en la capital del Turia mas de 17 años: “La gente de allí, la fe popular dentro de la catolicidad es muy llamada a ir a la iglesia, salimos en las procesiones en la Semana Santa … en la Navidad pues siempre acostumbran a hacer la novena al Niño Jesús de 16 de diciembre al 24 y al final se dan los regalos a los niños”.
La fe en Colombia está muy ligada a la Virgen María ya que su patrona, Nuestra Señora de Chiquinquirá, (el nombre una población en el departamento de Boyacá donde está la Basílica dedicada a esta advocación a cargo de la comunidad dominicana a la que perteneció san Luis Bertrán, de ahí que la provincia dominicana adquiere el nombre de ‘San Luis Bertrán’). Nos Comenta Neuvelly Noriega Buitrago, procedente de Cali, Colombia, quien tiene un amor especial a la Virgen: “La Virgencita fue esposa, madre, hija entonces me identifico mucho con esa parte humana que ella fue, yo me apoyo mucho en ella (la Virgen), confío mucho en ella y la venero”.
Muchos colombianos en Valencia acuden al templo parroquial de san Luis Bertrán en la plaza de la ‘fonteta’, allí el P. Vicente Pastor párroco dice: “Cuando san Luis Bertrán vino a recuperarse de su enfermedad a Valencia, hablaba cómo había fe allá en Colombia y que eran personas mas religiosas que las de aquí… pero eso con el paso de los años lo vemos: gente que ha venido de Colombia a preguntar por libros y estampas y comentan que es su patrono”.
Aunque la presencia de san Luis en Colombia fue relativamente corta -de 1462 a 1467- fue lo suficientemente intensa para marcar huella en el “continente de la esperanza” frase acuñada por san Juan Pablo II en el documento ‘Ecclesia in America’. De hecho, murió con sólo 55 años en 1581. Beatificado por el papa Pablo V en 1608 fue canonizado el 12 se abril de 1671 por el papa Clemente X.
La fuerza evangelizadora del valenciano san Luis Bertrán no tiene fronteras. Así es como a lo largo de los años la fe se sigue renovando en tantos colombianos que, allá donde se encuentren, llevan en su vida la llama de aquella evangelización que trajo España y que aún se mantiene viva en Colombia, en su fervor y costumbres ancestrales, con sus procesiones, novenas, fiestas patronales y las eucaristías solemnes al aire libre con miles de fieles. Además de la gran cantidad de jóvenes y niños que renuevan la Iglesia y asumen luego su vida como laicos comprometidos en la evangelización, labor que se puede evidenciar en las numerosas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa que cada año cosecha Colombia. Este fervor misionero se debe en buena parte a san Luis Bertrán, el apóstol que con su fuerza sembró una semilla que nunca morirá: la fe en Colombia.