ORLANDO SÁNCHEZ | 13-09-2019

La labor de los voluntarios es fundamental para llevar a cabo la iniciativa. (FOTO. A.SÁIZ)

Una de las mayores satisfacciones del ser humano es poder alegrar la vida de otros y más cuando se trata de niños. Eso es lo que se pudo ver en el rostro de los 21 voluntarios que el pasado agosto, junto con cinco mujeres internas del centro penitenciario “Antonio Asunción” de Picassent y 13 menores, hijos de las reclusas, compartieron una semana de vacaciones en la localidad castellonense de Benicàssim organizada por la ONG católica “Fundación Padre Garralda Horizontes Abiertos”.
Francisca Romero Lozano, que desde el año 2000 forma parte de la Fundación y es quien coordina el Programa de la delegación valenciana de la ONG, expresaba a PARAULA su alegría y nos contaba que su mayor motivación son los niños que están viviendo en prisión con sus madres, al enterarse de sus historias. Reconoce que ha quedado marcada por ello y “comprometida a llevarles esperanzas, a través del diálogo en las visitas al centro penitenciario, brindando motivaciones a las madres y ofreciendo espacios para sacar un poco a los niños de aquellos lugares y que puedan vivir así otras experiencias que allí les es difícil”.
Según comenta Francisca, las internas les han agradecido su labor porque les “llevan la alegría, se olvidan un poco de las normas y la dureza del centro, y luego cuando salen, les buscan, conversan y les brindan un apoyo”.
El campamento tuvo lugar en Benicassim entre el 23 y el 29 de agosto, con un total de 42 personas, entre internas, menores y voluntarios. Llevaba como lema “La vida no es un juego”, y hubo tiempo para actividades lúdicas, de playa y piscina, así como juegos infantiles y talleres y charlas con las madres.
La labor de los voluntarios, la mayoría jóvenes de 18 a 25 años, pero también de edades más adultas, “es fundamental ya que son los que se encargan de atender a los niños, organizar juegos, cuentacuentos y bailes, además de charlas con las madres, entre otras actividades”.
Cada año, se suman más voluntarios a esta gran obra, como es el caso de Ana María, que se incorporaba por primera vez en ese nuevo proyecto, y que se siente motivada por el amor a los niños y acudió con el deseo de aportar “sobre todo afecto, cariño y ser una madre más, porque también se atienden a niños que no pueden salir con ellas”. Con humildad y alegría, expresaba también que su deseo es “aprender mucho de ellos, porque dar es muy fácil, aprender es muy gratificante, más cuando se es con niños que de ellos aprendemos”.
En el campamento, participaron internas del módulo de madres de Picassent y de otros módulos junto con 13 niños en edades entre los 10 meses y 7 años de madres que vienen al campamento y de también hijos de otras madres que no participan porque no pueden salir de los centros de reclusión.
Francisca ve siempre con preocupación cómo estas mujeres, que han estado tanto tiempo conviviendo en prisión, uno o más años, “tienen más difícil convivir en la calle, si no tienen una familia que las apoya”.
Apoyar estas buenas causas, será siempre un ejemplo de generosidad más cuando son “niños que están en prisión”. En España, la ley permite que los hijos puedan estar con su madre mientras ésta cumple condena en un Centro Penitenciario. Después, si la madre aún no está en libertad, el niño pasa a manos de la familia o bien a un centro tutelado por la Administración.
Aunque la medida es importante para mantener adecuadamente la relación madre e hijo y que los niños conserven este vínculo con sus progenitores, el sistema penitenciario no es un medio propicio para el correcto desarrollo de sus hijos. Las barreras arquitectónicas, los horarios, las celdas o los espacios comunes se convierten en trabas para su adecuado crecimiento, viéndose privados de su derecho a vivir la vida como cualquier niño de su edad, por circunstancias completamente ajenas a ellos.
Pero aún así, con las limitaciones que puedan experimentar, la ONG con su amor y servicio desinteresado sigue dando una oportunidad a estos niños y a sus familias de encuentro, sembrando en sus corazones esperanzas, espacios de alegría y felicidad, con el deseo que estas nuevas generaciones no repitan las historias de sus padres, sino que por el contrario sean forjadores de una nueva sociedad.
La ONG “Fundación Padre Garralda Horizontes Abiertos” fue fundada en Madrid en 1978 por el sacerdote jesuita madrileño Jaime Garralda, fallecido el 30 de junio de 2018, con la finalidad de “proporcionar a los colectivos más marginados de la sociedad la posibilidad de acceder a una vida normalizada”. La delegación valenciana fue puesta en marcha en el año 2000.