Una ‘procesión de las antorchas’ evoca la peregrinación anual suspendida a Lourdes El Arzobispo anima a los enfermos a ver “la bondad de Dios en su sufrimiento”

CARLOS ALBIACH | 09.07.2020

Si la pandemia de la covid-19 no hubiera llegado a nuestras vidas en los días finales de junio o principios de julio cerca de 1.500 valencianos, entre ellos muchos enfermos y con discapacidad, estarían a los pies de la Virgen en el santuario de Lourdes en la peregrinación organizada por la Hospitalidad Valenciana de Lourdes. Este año no ha podido ser pero aunque no han recorrido los casi 550 kilómetros que unen Valencia con Lourdes -y que suelen recorrer en trenes y autobuses adaptados a los enfermos- sí que han estado cerca de Ella, de la Virgen en una misa celebrada el pasado 2 de julio en la Catedral y que tuvo como culmen la tradicional procesión claustral conocida como las antorchas, y que se celebra en la Seo todos los 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes.

El arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares, expresó en su homilía el sentimiento de los cientos de peregrinos, entre enfermos, familiares y voluntarios, que habitualmente forman parte de la expedición: “No habéis ido a Lourdes pero Ella, como fue a la casa de su prima Isabel, viene a nosotros. Ardemos en deseos de que llegue pronto el momento de devolverle la visita, de estar junto a ella, la madre inmaculada que nos acompaña en esta situación de pandemia y en nuestros sufrimientos, ya que se nos dio como madre a los pies de la cruz y no pasa de largo de nuestras heridas y sufrimientos”.

También describió este mismo sentimiento al inicio de la celebración la presidenta de la Hospitalidad, Mª Jesús Arnandis: “Este tiempo que estamos viviendo, difícil y extraño para todos, en el que hemos tenido que renunciar al encuentro con Ella en la peregrinación anual al santuario de Lourdes, nos ha dejado un vacío difícil de llenar en cuanto al servicio, la entrega, los encuentros y las vivencia, pero María, como madre nunca nos deja, siempre está a nuestro lado, pendiente de las necesidad de todos sus hijos, especialmente de sus predilectos, los enfermos”.

“¡Como en Francia, igual! ¡Lo único que nos falta es el murmullo del río!”

Cardenal Antonio Cañizares

En la misa se tuvo muy presentes a todas las víctimas de la pandemia y a todos los que han fallecido en estos meses y que, como expresaba Arnandis, “no hemos podido despedir”. De hecho, en las preces se rezó por las víctimas, por los enfermos confinados en sus casas por la situación, así como por los capellanes de hospital, voluntarios y profesionales que atienden a los enfermos.

En este sentido, el Arzobispo en sus palabras recordó que en estos momentos de pandemia, y en el momento de la enfermedad, “somos conscientes, y especialmente la gran familia de la Hospitalidad, que Dios está ahí y nos da el alivio y el consuelo”. “En Cristo el sufrimiento en vez de ser un fracaso constituye una ocasión de testimoniar su amor. No caigáis en la tentación de ver el dolor y el sufrimiento de una forma negativa e incluso de dudar de la bondad de Dios. En este tiempo muchos han preguntado dónde está Dios. Está en los que sufren, en los enfermos, ahí está amando, asumiendo el dolor humano y sin pasar de largo”, añadió.

También tuvo palabras de ánimo para los enfermos: “Tenéis la oportunidad de experimentar la ternura de Dios, que da consuelo y levanta el ánimo”. Asimismo, tuvo palabras de agradecimiento a todos los voluntarios de la Hospitalidad: “Hoy se ve una carencia de humanidad y por eso resulta necesario personalizar el modo de acercarse a los enfermos, como hacéis en la Hospitalidad, añadiendo al curar el cuidar. No es solo atender sino estar amando, que sientan la ternura de Dios y de la Virgen a través de vosotros”.

Procesión claustral
La celebración culminó con una emotiva procesión en la que los enfermos portados por jóvenes voluntarios fueron delante de la imagen de la Virgen. Los fieles permanecieron desde sus sitios siguiendo las directrices de seguridad con sus velas encendidas. La imagen de la Virgen, y adornada con flores blancas, recorrió la Catedral mientras cantaban el tradicional canto ‘Ave María’ de Lourdes. Antes de la bendición el arzobispo agradeció a todos sus presencia: “¡Como si hubiésemos ido a Francia, igual! ¡Lo único que nos falta es el murmullo del río!”, apuntó. La emoción se palpaba en el ambiente y muchos de los asistentes evocaban las celebraciones propias de la peregrinación. Al finalizar todos hablaban de ojalá pronto poder ir a Lourdes.