Eduardo Martínez | 4-02-2015
benigno-blancoEl presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, visitó Valencia el pasado 30 de enero, un día después de que la entidad convocara una nueva manifestación a nivel nacional a favor de la vida y contra el aborto, tras la negativa del actual Gobierno de reformar la llamada ‘ley Aído’, aprobada por el anterior Ejecutivo en 2010.
Blanco ofreció una conferencia sobre familia y defensa de la vida en el marco de las Jornadas de Formación del Foro de Laicos de la archidiócesis de Valencia. Finalizada su intervención, el presidente del Foro Español de la Familia respondió a las preguntas de PARAULA acerca de la manifestación del próximo 14 de marzo y del activismo social y político de los católicos.
– ¿Cómo explicaría la importancia de la manifestación del 14 de marzo y la eficacia que puede tener habida cuenta de la pasividad del Gobierno para reformar la ley del aborto?
– Hay que salir porque tenemos que ayudar todos los que amamos la vida a que, al menos, no se construya un muro de silencio en torno al aborto. La peor consecuencia de la postura del Gobierno respecto al aborto no es ya que no se modificara la ley, lo cual ya es muy importante, sino que desaparecería teóricamente de la vida pública española el debate sobre el aborto. Mientras se habla del aborto y de la vida se crea cultura de la vida y disminuye, con ello, el número de abortos. No perdemos la esperanza de que algunos políticos acabarán algún día representándonos.
– ¿Los ciudadanos que estamos contra el aborto hacemos, en general, lo suficiente por la defensa de la vida?
– Todos podemos hacer más a título personal y colectivo. Quizás todavía tenemos a veces una escasa comprensión de lo que supone vivir en democracia. No estamos en una sociedad en la que esa responsabilidad está en manos de las élites. Cuando en el siglo XIII santo Tomás de Aquino hablaba de ética política se refería a los gobernantes y el rey, pero hoy hay que hablar de ciudadano, porque todos somos políticos y ciudadanos en ese sentido. Por tanto, en una sociedad tan abierta y tan global todos tenemos una enorme capacidad de influir en los demás. Y esa capacidad debemos ejercerla. Digamos que no es obligatorio asistir a una manifestación, pero sí que es obligatorio hacer el bien que está en nuestra mano y hablar de la vida en una manifestación es una cosa buena. Por tanto, yo diría que los que amamos la vida hemos de ir a este tipo de marchas salvo que tengamos una importante razón para no hacerlo. Y no quiero decir con ello que el que no vaya es que es malo, se entiende, ¿no?
– En su opinión, ¿existe en el panorama político actual una alternativa capaz de poner en práctica una auténtica cultura de la vida?
– Evidentemente, entre los partidos mayoritarios con representación parlamentaria no existe.
– Pero hay otros partidos luchando por tener ese nivel de representatividad…
– Sí, los hay, pero hay que ver si, más allá del aborto, en otros temas importantes también siguen una línea adecuada; y luego también hay que ver si tienen posibilidades reales de gobernar o llegar al Parlamento. De todos modos, esto no es raro, porque es lo que les pasa a los católicos de toda Europa desde hace un siglo. Los católicos franceses o británicos no han tenido un partido político con cierta capacidad de gobernar que represente una sensibilidad de humanismo cristiano. O sea que esto que nos está pasando a nosotros ahora no es una novedad histórica, aunque sí que es preocupante. Por tanto, nosotros en España, como en Francia o en el Reino Unido, estamos tratando de ir construyendo ese cuerpo social que llegue a tener tal consistencia que en algún momento los políticos se vean obligados a atender sus demandas. Yo tengo claro que hoy en día las revoluciones no se hacen de arriba a abajo, sino de abajo a arriba, creando masa social crítica que al final acabe reflejándose en la política.
– Se lo han debido de preguntar muchas veces, pero ¿se plantea usted volver a meterse en política?
– No, y eso que creo que la política es una de las actividades más nobles que puede ejercer el ser humano. Pero no es mi papel. Si reconvirtiese lo que yo pueda estar representando ahora en España en algo vinculado directamente con la política estaría traicionando y manipulando mi propia actividad.
– En cuanto al Sínodo de la Familia impulsado por el Papa, y que continuará y finalizará en octubre, ¿qué expectativa tiene?
– Es muy importante que la Iglesia reflexione sobre la importancia de la familia. En este sentido, creo que se ha avanzado mucho, pero se puede avanzar más. Tengamos en cuanta que la Iglesia somos todos, pero de algún modo se puede decir que de un modo especial la Iglesia son las familias. ¿De dónde ha salido el Papa o los obispos o…? De una familia. Pensemos también en la Iglesia primitiva: ¿quién evangelizaba: los apóstoles, sí, pero sobre todo las familias, dirigidas por ellos y que se lanzaban cada una en su ambiente a dar testimonio de Cristo. Ojalá la Iglessia sea capaz de transmitir a las familias ese liderazgo en la labor evangelizadora. Yo confío en que se hable mucho de eso en el próximo Sínodo, no sólo de los probelmas de alguna familia, que también , pero hablemos en positivo y en serio.